... relatos pseudopoéticos escritos desde lo más profundo de mi ser

A la deriba


Aún te recuerdo sobre la atalaya de mi memoria envuelta en el viento que sacudía tu pelo mientras dejabas volar tu imaginación con él. Recuerdo que entre susurros de algodón me contabas los sueños que se mecían en tus noches y como cada mañana se desvanecían bajo el hueco de tu persiana. A veces cierro los ojos y sonrió al imaginarte trepando por entre las ramas de los árboles persiguiendo estrellas y me entristezco al instante por no haber sabido cómo detener el tiempo. Hay noches que siento el cálido aliento de tus labios y creo escuchar tus delirios: como me asegurabas que en ocasiones te sumergías en exóticos desiertos huyendo de las huellas que tras de ti habías ido dejando o como con los primeros rayos de luz que llegaban al alba te rompías en mil pedazos y entrelazando los recuerdos que yacían esparcidos por tus sábanas volvías de nuevo a la vida. Y así me enseñaste a dibujar quimeras en el cielo con pinturas trasparentes y a leer el futuro sobre la fina arena que se nos escurría entre los dedos. Y soñando contigo comprendí tu mundo y para sentirte más cerca busqué cobijo en él. Y poco a poco me fui haciendo con trocitos de ti hasta que no fui nada más. Y ahora te extraño y me siento preso de la oscuridad que lo cubre todo y me ahoga. Y abrazado al recuerdo de tus ojos sobrevivo a la deriva.

Entre bostezos


El sonido de una ambulancia perdiéndose en el silencio de la madrugada, la estela de un avión parpadeando sobre el horizonte bañado de plata, el susurro del viento que pasa arrastrando una hoja y borra mis huellas, el tiempo que se consume sin dejar ningún rastro de lo que fue salvo el eco de las campanadas retumbando sobre la marquesina del autobús donde sigo pacientemente esperando imaginando un cielo claro en una noche de invierno, añorando el verano para abrigar con él mi gélido aliento. Llega el autobús e irremediablemente abandono mis ensoñaciones, saludo, pago y me apago, convirtiéndome en un pasajero más de la línea 5.

Llantos convertidos en poesía

Acurrucado al calor de tu madre llegaste a la vida, resquebrajando el cielo en mil pedazos con ahogados lamentos convertidos en poesía.Y poco a poco te fuiste acostumbrando a dormir entre los brazos de quienes para soñar contigo desperdiciaron sus noches y te atreviste a inundar con la luz etérea que escapa de tus ojos cada efímero instante de profunda alegría. Entonces, cuando con tu delicada mano te aferraste mi dedo, se desvanecieron los miedos que acechaban nuestra existencia y salpicaste nuestras vidas con el mejor de los sueños.

Carpe diem

A la cola, como todo el mundo y el mundo entero detenido uno tras de otro aguardando quién sabe qué mientras el tiempo cargado de frágiles quimeras se desvanece irremediablemente ante nuestros ojos.

-Perdone ¿la salida?

-Al fondo, pero no puede saltar sin paracaídas.

Lo que somos

Apenas somos un puñado de recuerdos caducos esparcidos por la memoria que tan sólo añoran detener por un instante los fugaces momentos que lentamente se desvanecen en el olvido (consumiéndose en la nada) y asomarse al balcón de la existencia para gritarle a la vida que no somos nada, que el tiempo, impasible y cruel, pasa de largo ante nosotros arrastrándonos consigo y dejando tras de sí la sombra de lo que un día fuimos: líneas curvas y rectas que dibujan un horizonte ante nuestros ojos tan lejano y confuso que ya no sabemos diferenciar la realidad de los sueños.

Recuerdos del olvido

Pasos que se pierden ahogados bajo la imperecedera caricia de las olas y se desvanecen dejando sobre la fina arena primero los ecos de lo que no hace mucho fueron y luego sencillamente nada, la nada eterna y angustiosa que hace y deshace a su antojo el tiempo, como en un juego macabro de sombras carentes de luz, donde la vida pulula de un lado a otro palpitando bajo los suspiros enaltecidos del recuerdo que ahora perece. Y el espacio lentamente se consume y desaparece bajo la espuma de sal que acaricia la orilla.

Instantes

Y por un momento, efímero e impreciso, separé mis pies del suelo. Así fue cómo conocí los secretos que arrastraba consigo el viento y pude empaparme con el brillo espectral de las estrellas que cada noche se desprenden del cielo. Entonces entendí el lastimero canto de los pájaros y la lúgubre danza de las hojas caducas hasta el suelo. Pero luego caí sobre mis huellas y el peso de la vida cayó sobre mi alma anegando de dudas mi propio ser. Y por miedo a dudar también de mí mismo olvidé sin querer todo cuanto aprendí.

Sol de otoño

Cuando, como cada tarde, regrese su padre se desvanecerán por completo sus miedos. Bajo el calor de una farola que tintinea de frío alimentará su espíritu malherido con historias de Cortázar y en un suspiro se quedará dormido abrazado a su cuello, soñando con cronopios y famas, con dulces gotas de leche esparcidas por el cielo, mientras el viejo busca un soplo de esperanza en las sucias monedas que han caído entre sus dedos.

El vivo al bollo

Se entrenaban cada mañana para estar muertos, o al menos parecerlo, cerrando con fuerza los ojos y aguantando la respiración con trocitos de goma en la nariz tratando de imaginar el cielo que don Alfonso con voz gastada y ronca (como su sotana) les había detallado aquel domingo de mayo. Mientras tanto Mario, más entretenido en las cosas terrenales, aprovechaba los recreos para registrar minuciosamente cada pupitre y asegurarse así un buen almuerzo, preguntándose si en el infierno también habría chuches.

A cada instante

Aún es pronto para que descubras el rasgado tacto de la vida -me entretengo pensando al acariciar con la experiencia de mis dedos tus rosadas mejillas-. Ya tendrás tiempo de arañar tus delicadas manos o de magullar tus rodillas, de aprender con cada golpe o de lastimar tu alma con etéreas espinas. Deja que de momento te proteja entre mis brazos y que acurrucada en mi regazo te llegue el sereno sueño. Deja que cubra tu piel desnuda con la suavidad de mis caricias, con la dulzura de mis besos, con el cálido soplo de vida que me empujo hasta ti. Deja que sea parte de tu ser, que te mime, que te quiera, que te sueñe a cada instante y a cada instante te viva.